miércoles, 1 de febrero de 2012

Las heridas del Plan de Pensiones de Empleo de Correos

Sobre el fin de la aportación empresarial, aquella de los treinta miserables euros.
Se acabó lo que se daba, y eso que era nuestro.

  Cierto es que en Correos esta vez se actúa por obediencia a la norma, no sé si gustosa o resignadamente. Sea como sea, la supresión de la aportación de la empresa puede traer consecuencias muy importantes para el desenvolvimiento de nuestro plan de pensiones.
 
  La primera polémica podría plantearse en torno a si el Real Decreto-Ley 20/2011 de 30 de diciembre de medidas urgentes –el origen legal de los hechos– obliga también a Correos o no es así.
  Poco margen queda para la duda después de que en el capítulo II, el artículo 2 en su punto uno incluya a las sociedades mercantiles públicas en el ámbito de aplicación y en su punto tres prohíba las aportaciones a planes de pensiones durante 2012. También podría suceder que, previa demanda admitida a trámite, algún día más o menos lejano llegasen los tribunales a pronunciarse al respecto, disipando así las dudas. Mientras tanto nos toca vivir con el hecho consumado y hacia el análisis de sus implicaciones se orienta este trabajo (si es que le suena mejor puede usted "focalizarse”, pero no cuente conmigo)

  La adhesión al plan no deja de ser el perfeccionamiento de un contrato por el que dos partes se obligaron a realizar unas aportaciones. Por mucho imperativo legal que se quiera poner detrás, puede que no baste para evitar que el cese de la aportación patronal termine por considerarse incumplimiento. Si así fuera los partícipes nos encontraríamos en el derecho de pedir la rescisión del contrato y la reparación por los perjuicios sufridos.
  Sólo es una opinión entre otras posibles y seguramente es mejor que prevalezca otra distinta porque el final lógico de la historia pasaría por plantear a los partícipes si desean seguir adelante con las nuevas condiciones, lo que muy probablemente llevaría a liquidar el plan por falta de aceptantes; sin embargo, sucede que la ley no permite desvincularse libremente de los planes de pensiones, así que jurídicamente este puzzle tiene un difícil encaje.

  Se nos dice en el texto legal que la suspensión es por doce meses, pero no que sea SÓLO por doce meses; no nos llamemos a engaño. Lo que ocurre es que dentro de un año tendrán que sacar la correspondiente ley de presupuestos y en ella se volverá a tratar el tema, casi con toda seguridad. Si las cosas continúan mal puede suponerse que en 2013 tampoco habrá aportaciones. En el futuro ya veremos.

  Todavía no he coincidido con nadie que pretenda explicar esta medida en clave de solidaridad con los parados o con el país en general. Por lo que se refiere a Correos, los treinta euros por doce meses por cuarenta mil partícipes, son casi quince millones de euros que se ahorra esta empresa en un año y que van a permitir gastar sin que pase nada; por ejemplo, en incentivadas de muy discutible rentabilidad y en bonus a directivos por resultados conseguidos recortando un poco más las retribuciones de los mileuristas.

  El parón de las aportaciones quizás debería de incidir en la estrategia de inversión del fondo en el sentido de asumir riesgos un poco mayores a cambio de una rentabilidad potencial más elevada; es un intento de compensar la merma de caudales hacia el fondo para que no ocurra que, de seguir como hasta ahora, entre la escasez de aportaciones, la baja rentabilidad y el pago de comisiones la gente se jubile dentro de veinte años con los mismos cinco mil euros que vale su participación en la actualidad. Por ejemplo, se podría modificar la política de inversiones transformando la proporción 85/15 vigente en otra 70/30 (se trata de los porcentajes invertidos en activos de renta fija y de renta variable).

  Suponiendo que sobreviva, el cambio en la situación debe tener su reflejo en el reglamento del plan.
  El patrimonio del fondo es de los partícipes y las futuras aportaciones –si las hay– correrán también a su cargo. El resto; es decir: nada, es que lo pone la empresa. En un contexto como éste las comisiones paritarias no tienen mucha lógica, menos aún las seudoparitarias controladas descaradamente por la dirección de la empresa. Yo diría que esos señores tan ilustres y tan paternalistas han perdido casi toda la razón de estar en el órgano de control de nuestro plan de pensiones; si acaso podríamos permitirles amablemente una presencia testimonial.
  Se impone, pues, una convocatoria extraordinaria de elecciones al órgano de control para sustituir a los miembros que deberían abandonarlo, previa modificación de los desvergonzados requisitos vigentes para ser candidato. La intención es que en la futura comisión de vigilancia sea viable la presencia de personas de sindicatos minoritarios, incluso de independientes, junto con los que ya están. Es para que no se quede la zorra sola cuidando a las gallinas. Un peligro.